Las arterias de las piernas y de los brazos

Cuando se produce un estrechamiento gradual de una arteria de las piernas, el primer síntoma es una sensación dolorosa, calambres o cansancio en los músculos de la pierna con la actividad física: es la denominada claudicación intermitente. Los músculos duelen al caminar y el dolor aumenta rápidamente y se vuelve más intenso al caminar de prisa o cuesta arriba. Por lo general, el dolor se localiza en la pantorrilla, pero puede también aparecer en el pie, el muslo, la cadera o las nalgas, según la ubicación del estrechamiento, y puede aliviarse con el reposo. Habitualmente, al cabo de entre 1 y 5 minutos de sentarse o de estar de pie, la persona puede volver a caminar la misma distancia que había recorrido, antes de que el dolor empiece de nuevo. El mismo tipo de dolor durante un esfuerzo también puede aparecer en un brazo cuando existe un estrechamiento de la arteria que lleva la sangre al mismo.

A medida que la enfermedad se agrava, la distancia que se puede caminar sin sentir dolor se hace más corta. Finalmente, la claudicación aparece incluso en reposo. El dolor habitualmente se inicia en la parte inferior de la pierna o en el pie, es intenso y persistente y se agrava cuando se eleva la pierna. A menudo impide el sueño. Para sentir algún alivio, la persona puede dejar colgar los pies en el borde de la cama o bien sentarse con las piernas colgando.




El pie con un suministro de sangre marcadamente disminuido se enfría y entumece. Se observa sequedad y descamación cutánea, así como un crecimiento defectuoso de las uñas y del pelo. A medida que la obstrucción se agrava, se producen llagas, típicamente en los dedos de los pies o en los talones y, a veces, en la parte inferior de la pierna, sobre todo después de una herida. Así mismo, la pierna puede adelgazarse. Una obstrucción grave puede causar la muerte de los tejidos (gangrena).

Cuando hay una obstrucción repentina y completa de la arteria de un brazo o de una pierna, aparece dolor intenso, frialdad y entumecimiento. La pierna o el brazo se vuelven pálidos o azulados (cianóticos) y no se puede sentir el pulso por debajo de la obstrucción.

Diagnóstico

La sospecha de una obstrucción de una arteria se basa en los síntomas que describe el paciente y en la disminución o ausencia del pulso por debajo de un cierto punto de la pierna. El flujo sanguíneo de la pierna puede valorarse de diversos modos, como comparando la presión arterial del tobillo con la del brazo. Normalmente, la presión del tobillo es, por lo menos, el 90 por ciento de la presión del brazo, pero cuando el estrechamiento es grave puede ser menos del 50 por ciento.

El diagnóstico puede confirmarse mediante ciertas pruebas. En la ecografía-Doppler (que utiliza ultrasonidos), se coloca un receptor sobre la piel encima de la obstrucción y el sonido del flujo sanguíneo indica el grado de la misma. En la técnica Doppler con color, todavía más sofisticada, se obtiene una imagen de la arteria que muestra las diferentes velocidades del flujo en diversos colores. Dado que no se requiere practicar ninguna inyección, se utiliza, siempre que sea posible, en lugar de la angiografía.

En la angiografía, se inyecta en la arteria una solución opaca a los rayos X. A continuación, se hacen radiografías para comprobar el grado de flujo sanguíneo, el diámetro de la arteria y cualquier posible obstrucción. A continuación de la angiografía puede realizarse una angioplastia para desobstruir la arteria.

Tratamiento

Las personas con claudicación intermitente deberían caminar por lo menos 30 minutos al día, siempre que ello sea posible. Cuando sienten dolor, deberían interrumpir el ejercicio y caminar de nuevo cuando desaparezca. Mediante este procedimiento, habitualmente se puede aumentar la distancia recorrida caminando cómodamente, quizá porque el ejercicio mejora la función muscular y provoca el aumento de tamaño de los otros vasos sanguíneos que alimentan a los músculos. Las personas con obstrucciones no deberían fumar en absoluto. También es útil elevar la cabecera de la cama con bloques de 10 a 15 cm para aumentar el riego sanguíneo a las piernas.

Por otro lado, pueden administrarse fármacos, como la pentoxifilina, para aumentar la distribución del oxígeno a los músculos. También pueden ser de utilidad los antagonistas del calcio o la aspirina. Los betabloqueadores, que ayudan a los que sufren obstrucción de las arterias coronarias, al retrasar la frecuencia del ritmo del corazón y al reducir así sus necesidades de oxígeno, en ocasiones agravan los síntomas en las personas con una obstrucción de las arterias de las piernas.