Como el asma es una enfermedad crónica, requiere un control continuo y un tratamiento apropiado. De acuerdo con la Academia Americana de Alergia, Asma e Inmunología, el tratamiento del asma tiene cuatro componentes principales:

  • El uso de medidas objetivas del funcionamiento pulmonar (como medidores de flujo máximo y espirómetros) para evaluar la severidad del asma y para vigilar el curso del tratamiento.
  • Medidas de control ambiental para evitar o eliminar factores que causan síntomas o ataques de asma.
  • Terapia con medicamentos para el control a largo plazo, para revertir y/o prevenir la inflamación de las vías respiratorias, así como terapia para manejar los ataques de asma.
  • Orientación del paciente para fomentar una asociación entre los pacientes, su familia y el médico.




Seis objetivos generales para el control eficaz del asma:

  • Prevenir aquello síntomas crónicos y/o molestos.
  • Mantener una respiración (casi) “normal”.
  • Mantener un nivel de actividad normal, incluido ejercicio.
  • Prevenir ataques recurrentes de asma, y minimizar la necesidad de visitar la sala de emergencia o de hospitalizaciones.
  • Proporcionar una terapia con medicamentos óptima, con efectos adversos mínimos o nulos.
  • Cumplir con las expectativas de pacientes y familiares de un cuidado satisfactorio del asma.

Usted y su médico pueden trabajar juntos en la consecución de estos objetivos para garantizar un buen control de su asma.

¿Cómo se sabe si el asma está bien controlado?

El asma está bien controlado si permite llevar una vida normal, sin que los síntomas causen molestias.

  • No se notan o se perciben poco los síntomas respiratorios y, en concreto, no hay desvelos por la noche debidos al asma.
  • No sufre crisis asmáticas.
  • Su estado no exige la hospitalización en un servicio de urgencias ni consultas imprevistas.
  • Sus necesidades de tratamiento de emergencia con el broncodilatador de acción rápida o de corta duración son mínimas.
  • No sufre molestias durante las actividades físicas, ni siquiera al realizar un esfuerzo.
  • Su función respiratoria es normal o casi normal (caudal punta).
  • Tolera bien los medicamentos.

¿Cómo se mantiene el control?

Para mantener el control, debe respetar algunas medidas sencillas:

  • Tome habitualmente el tratamiento sin interrupciones.
  • Realice calentamientos antes de hacer deporte y evite practicarlo al aire libre en caso de temperaturas muy bajas o de un pico alto de contaminación.
  • Aprenda a detectar los signos que anuncian una crisis.
  • Evite los alérgenos a los que pueda ser sensible. Como norma general, piense siempre en airear bien su hogar, pase frecuentemente la aspiradora en su habitación, lave a menudo los visillos, las cortinas, los tapices, limpie los revestimientos de las paredes y evite la compañía de animales domésticos.
  • En período de polinización, no haga salidas al campo si no es imprescindible.
  • Evite el tabaco y los ambientes cargados de humo.
  • Cuando se acueste, tenga a mano el tratamiento.

¿Cómo se mejora el control?

Hay que conocer bien las razones que pueden desencadenar las crisis. Recuerde y anote lo que ha hecho el día que haya sufrido una crisis para tener referencias y prevenir otra crisis. Tendrá a su disponibilidad pruebas alergológicas para determinar los posibles alérgenos responsables y prevenir otras crisis. Tenga en cuenta que existen varios factores que pueden desequilibrar el asma como ciertos ejercicios, una infección vírica, el clima, el estrés, etc. Debe aprender a reconocerlos para prevenir la aparición de las crisis. Piense en tener siempre consigo el tratamiento de emergencia (broncodilatador de acción rápida).

Tome diariamente su tratamiento sin interrupciones, incluso si se encuentra bien.
Lleve siempre consigo el tratamiento de emergencia.