Qué es una disección aórtica

Una disección aórtica (aneurisma disecante; hematoma disecante) suele ser una situación mortal en la que el revestimiento interno de la pared de la aorta se rasga mientras que el revestimiento externo permanece intacto; la sangre penetra a través del desgarro y provoca la disección de la capa media, lo que origina la creación de un nuevo canal dentro de la pared aórtica.

El deterioro de la pared arterial es la causa de la mayoría de las disecciones aórticas. La hipertensión es la causa más frecuente de este deterioro y se detecta en más del 75 por ciento de las personas que desarrollan disecciones aórticas. Otras causas incluyen enfermedades hereditarias del tejido conectivo, especialmente el síndrome de Marfan y el síndrome de Ehlers-Danlos; anomalías cardiovasculares congénitas como la coartación de la aorta, el conducto




arterioso persistente y los defectos de la válvula aórtica; la arteriosclerosis y las lesiones traumáticas. En casos raros, se produce accidentalmente una disección cuando el médico introduce un catéter en una arteria (como en la aortografía o la angiografía) o durante una intervención quirúrgica del corazón y de los vasos sanguíneos.

Síntomas de la disección aórtica

Casi todas las personas con una disección aórtica presentan dolor, generalmente repentino y muy intenso. Habitualmente los pacientes lo describen como un desgarro o una rasgadura sobre el pecho. También es frecuente en la espalda entre los omóplatos. El dolor se irradia en la misma dirección de la disección a lo largo de la aorta. Mientras avanza la disección, puede cerrar un punto donde una o varias arterias se conectan con la aorta. Según cuáles sean las arterias obstruidas, las consecuencias pueden ser un accidente vascular cerebral, un ataque cardíaco, un dolor abdominal repentino, una lesión nerviosa que causa hormigueo y la imposibilidad de mover una extremidad.

Diagnóstico de la disección aórtica

Generalmente los síntomas característicos de una disección aórtica permiten al médico establecer un diagnóstico bastante obvio. En el 75 por ciento de los pacientes con disección aórtica se observa, durante la exploración, una reducción o ausencia del pulso en los brazos y las piernas. Una disección que retrocede hacia el corazón puede causar un soplo que se ausculta con el fonendoscopio. La sangre puede acumularse en el pecho. Un escape de sangre de una disección, alrededor del corazón, puede impedir que éste lata adecuadamente y causar un taponamiento cardíaco (una situación potencialmente mortal).

En el 90 por ciento de los pacientes con síntomas, la radiografía de tórax muestra la imagen de una aorta ensanchada. La ecografía suele confirmar el diagnóstico aunque no haya dilatación aórtica. La tomografía computadorizada (TC), realizada después de inyectar una sustancia de contraste, es una prueba fiable y puede hacerse rápidamente, lo cual es importante en caso de urgencia.

Tratamiento de la disección aórtica

Las personas con una disección aórtica deben ser atendidas en una unidad de cuidados intensivos, donde sus señales vitales (pulso, presión arterial y ritmo de la respiración) son cuidadosamente controlados. La muerte puede producirse unas pocas horas después de iniciarse la disección aórtica. Por consiguiente, se administran fármacos lo antes posible para reducir la frecuencia cardíaca y la presión arterial hasta unos valores mínimos con los que se pueda mantener un suministro suficiente de sangre al cerebro, el corazón y los riñones. Inmediatamente después del inicio del tratamiento farmacológico, el médico debe decidir si la cirugía está indicada o si continuará la terapia con fármacos.

Los médicos recomiendan en general la cirugía en las disecciones que afectan a los primeros centímetros de la aorta, contiguos al corazón, a menos que las complicaciones de la disección impliquen un riesgo quirúrgico excesivo. Para las disecciones más lejanas del corazón, los médicos mantienen generalmente la farmacoterapia, con excepción de aquellas disecciones que provoquen un escape de sangre de la arteria y de las disecciones en las personas con el síndrome de Marfan. En estos casos, es necesaria la cirugía.

Durante la cirugía, el cirujano extrae la mayor parte posible de la aorta disecada, impide que la sangre entre en el conducto falso y reconstruye la aorta con un injerto sintético. Si la válvula aórtica se encuentra dañada, se repara o se sustituye.

Pronóstico de la disección aórtica

Un 75 por ciento de las personas con disección aórtica que no recibe tratamiento muere en las dos primeras semanas. Por el contrario, el 60 por ciento de las que sí son tratadas y que sobreviven a las dos primeras semanas siguen vivas al cabo de 5 años; el 40 por ciento sobrevive por lo menos 10 años. De aquellas que mueren después de las dos primeras semanas, un tercio muere por complicaciones de la disección y los dos tercios restantes, por causa de otras enfermedades.

En los principales centros médicos especializados, la disección aórtica proximal (es decir, cercana al corazón) representa un 15 por ciento del índice de mortalidad debido a la cirugía y ese porcentaje es un poco más alto para las disecciones aórticas más distantes.

A las personas con una disección aórtica, incluso a las que han sido operadas, se les administra una farmacoterapia a largo plazo para mantener una presión arterial baja y, por tanto, para reducir la tensión sobre la aorta.

Debe efectuarse un seguimiento meticuloso de las complicaciones tardías; las tres más importantes son otra disección, el desarrollo de aneurismas en la aorta debilitada y una insuficiencia progresiva de la válvula aórtica. Cualquiera de estas complicaciones exige una reparación quirúrgica.