¿Qué son las anginas de pecho?

La angina, o angina de pecho, es un dolor torácico transitorio o una sensación de presión que se produce cuando el músculo cardíaco no recibe suficiente oxígeno.

Las necesidades de oxígeno del corazón dependen del esfuerzo que debe realizar (es decir, la rapidez con que late y la fuerza de cada latido). Los esfuerzos físicos y las emociones aumentan la actividad del corazón que, por esta razón, necesita más oxígeno. Cuando las arterias se hacen más estrechas o existe una obstrucción que impide el aumento del flujo de sangre al músculo cardíaco para satisfacer la mayor necesidad de oxígeno, se puede producir la isquemia y, en consecuencia, dolor.




Causas de la angina de pecho

Por lo general, la angina es el resultado de una enfermedad de las arterias coronarias. Pero también es el resultado de otras causas, como las anomalías de la válvula aórtica, especialmente la estenosis (estrechamiento de la válvula aórtica), la insuficiencia (regurgitación a través de la válvula aórtica) y la estenosis subaórtica hipertrófica. Dado que la válvula aórtica está cerca de la entrada a las arterias coronarias, estas anomalías reducen el flujo de sangre hacia las mismas. El espasmo arterial (estrechamiento súbito y transitorio de una arteria) también puede causar angina de pecho. Por otro lado, la anemia grave puede reducir el suministro de oxígeno al músculo cardíaco y desencadenar un episodio de dolor.

Síntomas de angina de pecho

No siempre toda persona con una isquemia tiene angina de pecho. La isquemia sin angina de pecho se llama isquemia silenciosa o silente. No se ha logrado comprender hasta ahora por qué la isquemia es a veces silente.

Frecuentemente, el paciente percibe la angina de pecho como una presión o dolor debajo del esternón (el hueso del medio del pecho). El dolor también se produce en el hombro izquierdo o por debajo de la parte interna del brazo izquierdo, en la espalda, la garganta, el maxilar o los dientes y, algunas veces, en la parte inferior del brazo derecho. Muchas personas describen la sensación como malestar más que como dolor.

La angina de pecho aparece de forma característica durante un esfuerzo físico, dura sólo unos pocos minutos y desaparece con el reposo. Algunas personas la pueden predecir, puesto que conocen con qué grado de esfuerzo les aparece, pero en otras, los episodios son impredecibles. Con frecuencia, la angina de pecho es más grave cuando el esfuerzo se hace después de comer. Además, por lo general se agrava en un clima frío. Caminar contra el viento o salir de una habitación caliente hacia un espacio donde el aire sea frío puede provocar angina de pecho. El estrés emocional también puede desencadenar una angina o hacer que empeore. A veces, una emoción fuerte, aunque se esté en reposo, o una pesadilla durante el sueño provocan la aparición de angina.

La angina variante es provocada por un espasmo de las grandes arterias coronarias que recorren la superficie del corazón. Se llama variante porque se caracteriza por la aparición de dolor en reposo, no con el esfuerzo, y por la existencia de ciertos cambios en el electrocardiograma (ECG) durante el episodio de angina.

La angina inestable es una situación en la que el patrón de los síntomas de la angina cambia. Dado que las características de la angina en cada persona son por lo general constantes, cualquier cambio es importante (como un dolor más fuerte, ataques más frecuentes o ataques que se producen con menor esfuerzo físico o durante el reposo). Estos cambios en los síntomas reflejan una rápida progresión de la enfermedad de las arterias coronarias, debido a un aumento de la obstrucción de una arteria coronaria por la rotura de un ateroma o por la formación de un coágulo. El riesgo de sufrir un infarto es elevado. La angina inestable es una urgencia médica (que debe ser tratada lo antes posible).

Diagnóstico de la angina de pecho

El diagnóstico se realiza a partir de la descripción de los síntomas que realiza el paciente, ya que entre las crisis e incluso durante ellas, la exploración física o el ECG pueden ser poco relevantes o incluso normales. Durante una crisis la frecuencia cardíaca puede aumentar ligeramente, la presión arterial puede elevarse y el médico puede auscultar un cambio característico del latido cardíaco con un fonendoscopio. Habitualmente, pueden detectarse cambios en el ECG, pero éste puede ser normal entre los episodios, incluso en una persona con una enfermedad grave de las arterias coronarias.

Cuando los síntomas son típicos, el diagnóstico suele ser fácil. El tipo de dolor, su ubicación y su relación con el esfuerzo, las comidas, el clima y otros factores facilitan el diagnóstico. No obstante, algunas pruebas pueden ayudar a determinar la gravedad de la isquemia y la presencia y extensión de una enfermedad de las arterias coronarias.

La prueba de esfuerzo (una prueba en la que el paciente camina sobre una cinta móvil mientras se le registra el ECG) permite la evaluación de la gravedad de la enfermedad de las arterias coronarias y de la capacidad del corazón para responder a la isquemia. Los resultados también pueden ser de ayuda para determinar la necesidad de una arteriografía coronaria o de una operación quirúrgica.

Los estudios con isótopos radiactivos combinados con la prueba de esfuerzo pueden proporcionar una información valiosa acerca de la angina de pecho de una persona. Las imágenes que se obtienen no sólo confirman la presencia de la isquemia, sino que también identifican la zona y la extensión del músculo cardíaco afectado, así como el volumen del flujo sanguíneo que llega al corazón.

El ecocardiograma de esfuerzo es una prueba en la que se obtienen imágenes del corazón (ecocardiogramas) por reflexión de ultrasonidos. La prueba es inocua y muestra el tamaño del corazón, los movimientos del músculo cardíaco, el flujo de sangre a través de las válvulas cardíacas y su funcionamiento. Los ecocardiogramas se obtienen en reposo y tras un ejercicio de máximo esfuerzo. Cuando existe isquemia, se observa que el movimiento de bombeo de la pared del ventrículo izquierdo es anormal.

La coronariografía (arteriografía de las arterias coronarias) puede efectuarse cuando el diagnóstico de enfermedad de las arterias coronarias o de isquemia no es seguro. Sin embargo, es más frecuente que esta prueba se utilice para determinar la gravedad de la enfermedad de las arterias coronarias y para evaluar si es necesario llevar a cabo un procedimiento adicional con el fin de aumentar el flujo de sangre (una cirugía de derivación coronaria o una angioplastia). En un número reducido de personas con síntomas típicos de angina y una prueba de esfuerzo anormal, la coronariografía no confirma la presencia de enfermedad de las arterias coronarias. En algunas de estas personas, las pequeñas arterias del músculo cardíaco se hallan anormalmente contraídas. Quedan muchos interrogantes acerca de este trastorno, que algunos expertos llaman síndrome X. Por lo general, los síntomas mejoran cuando se administran nitratos o fármacos betabloqueadores. El pronóstico del síndrome X es bueno.

El registro continuo del ECG con un monitor Holter (un aparato portátil de ECG que funciona con pilas) revela las anomalías que indican una isquemia silente en algunas personas. El significado de la isquemia silente es objeto de controversia, pero generalmente la gravedad de la enfermedad de las arterias coronarias determina el alcance de la isquemia silente y, en consecuencia, el pronóstico. El ECG también ayuda a diagnosticar la angina variante dado que es capaz de detectar ciertos cambios que se producen cuando la angina aparece en reposo.

La angiografía (radiografías consecutivas de las arterias efectuadas tras la inyección de un producto de contraste) puede detectar a veces un espasmo en las arterias coronarias que no tienen un ateroma. En ocasiones, se administran ciertos fármacos para producir el espasmo durante la angiografía.

Pronóstico de la angina de pecho

Los factores clave para predecir lo que puede suceder a las personas con angina incluyen la edad, la extensión de la enfermedad de las arterias coronarias, la gravedad de los síntomas y, en la mayoría de los casos, el grado de función normal del músculo cardíaco. Cuantas más sean las arterias coronarias afectadas o más grave sea su obstrucción, más desfavorable será el pronóstico. El pronóstico es sorprendentemente bueno en una persona con angina estable y una capacidad normal de bombeo (función del músculo ventricular). Una capacidad de bombeo reducida empeora el pronóstico.

Tratamiento de la angina de pecho

El tratamiento se inicia adoptando medidas preventivas de la enfermedad de las arterias coronarias, medidas que retarden su progresión o actitudes para revertirla. Debe hacerse frente a las causas conocidas de enfermedad coronaria (factores de riesgo). Se deben tratar lo antes posible los principales factores de riesgo, como la presión arterial elevada y los valores aumentados de colesterol. El hábito de fumar es el factor evitable de riesgo más importante en la enfermedad de las arterias coronarias.

El tratamiento de la angina de pecho depende de la gravedad y de la estabilidad de los síntomas. Cuando los síntomas son estables y son además leves o moderados, lo más efectivo puede ser reducir los factores de riesgo y utilizar fármacos. Cuando los síntomas se agravan rápidamente, suele aconsejarse el ingreso hospitalario inmediato y el tratamiento farmacológico. Si los síntomas no disminuyen con el tratamiento con fármacos, dieta y cambios en los hábitos de vida, se puede recurrir a una angiografía para determinar si es posible practicar una derivación de una o varias arterias coronarias o una angioplastia.