La meningitis bacteriana es una inflamación de las meninges causada por bacterias.

Causas de la meningitis bacteriana

Más del 80 por ciento de todos los casos de meningitis son causados por tres especies de bacterias: Neisseria meningitidis, Hemophilus influenzae y Streptococcus pneumoniae. Las tres se encuentran normalmente en el ambiente que nos rodea y pueden incluso vivir, sin causar daño alguno, en la nariz o en el aparato respiratorio de una persona. De manera ocasional, estos organismos infectan el cerebro sin que se pueda identificar la razón de ello. En otros casos, la infección se debe a una herida en la cabeza o es causada por una anormalidad del sistema inmune. Las personas con mayor riesgo de tener meningitis por causa de una de estas bacterias son las que abusan del alcohol, las que han sido sometidas a una esplenectomía (extirpación del bazo) o las que tienen una infección crónica del oído y de la nariz, una neumonía neumocócica o una drepanocitosis.




En raras ocasiones, otros tipos de bacterias como Escherichia coli (presente normalmente en el colon y las heces) y Klebsiella causan meningitis. Las infecciones por estas bacterias son habitualmente consecuencia de heridas en la cabeza, de una cirugía del cerebro o de la médula espinal, de una infección de la sangre o de una infección contraída en un hospital; ocurren con más frecuencia entre personas con un sistema inmunológico deficiente. Las que padecen insuficiencia renal o están tomando corticosteroides tienen un riesgo más elevado de contraer meningitis por la bacteria Listeria.

La meningitis es más frecuente en niños de un mes a dos años de edad. Es mucho menos frecuente en los adultos, a menos que tengan determinados factores de riesgo; sin embargo, pueden presentarse pequeñas epidemias en ambientes como campos de entrenamiento militar, residencias de estudiantes u otros sitios en donde la gente se encuentra en estrecho contacto.

Síntomas de la meningitis bacteriana

Los síntomas precoces más importantes de una meningitis son fiebre, dolor de cabeza, rigidez de cuello, dolor de garganta y vómitos. La rigidez de cuello (rigidez de nuca) no significa simplemente dolor a la flexión del mismo; de hecho es imposible o provoca mucho dolor tratar de hacer que la barbilla toque el pecho. Los adultos pueden enfermar gravemente en el curso de 24 horas, y los niños incluso antes. Los niños mayores y los adultos pueden volverse irritables, confusos y cada vez más somnolientos. Este estado puede progresar hacia el estupor, el coma y, finalmente, la muerte. La infección causa inflamación de los tejidos cerebrales e impide el flujo sanguíneo, lo que produce síntomas de un ataque vascular cerebral como una parálisis. En algunos casos se presentan convulsiones. El síndrome de Waterhouse-Friderichsen, una infección de evolución rápida y catastrófica, es causada por Neisseria meningitidis; produce diarrea grave, vómitos, convulsiones, hemorragias internas, hipotensión, shock y, frecuentemente, la muerte.

En niños menores de 2 años, la meningitis habitualmente causa fiebre, vómitos, irritabilidad, convulsiones, problemas para comer y llanto de un tono muy agudo. La piel sobre la fontanela (la zona blanda entre los huesos del cráneo) se pone tensa y la fontanela puede protruir. El flujo de líquido alrededor del cerebro puede verse bloqueado, haciendo que el cráneo se agrande (hidrocefalia). A diferencia del niño mayor o del adulto, un niño menor de un año puede no presentar rigidez del cuello (rigidez de nuca).

Diagnóstico de la meningitis bacteriana

Puesto que la meningitis bacteriana (especialmente cuando está causada por Neisseria meningitidis) puede causar la muerte en pocas horas, se requiere atención médica inmediata. Una fiebre inexplicada en niños de menos de dos años requiere un examen médico completo e inmediato, especialmente si se vuelve irritable o más somnoliento que de costumbre, se niega a comer, tiene vómitos, convulsiones o si presenta rigidez de nuca. Si el médico sospecha que pueda tratarse de una meningitis bacteriana, generalmente se le trata con antibióticos incluso antes de tener los resultados del análisis.

Durante la exploración física, el médico busca la presencia de erupciones cutáneas (habitualmente manchas rojas y moradas), cianosis (un color azulado de la piel), rigidez de nuca y otros signos característicos de la meningitis. Uno de estos signos consiste en que al flexionar la cabeza del niño hacia el pecho estando acostado, puede que las caderas y las rodillas se flexionen hacia el tórax.

Otro signo es que el médico no logre estirar las rodillas flexionadas del niño, al tratar de levantarle las piernas.




Cuando se sospecha una meningitis, rápidamente debe determinarse si se trata de una infección bacteriana, vírica, por hongos o de otro tipo, o si se trata de una irritación por otra causa (por ejemplo, un producto químico). Son muchas las causas posibles y el tratamiento es diferente para cada una.

La punción lumbar es el examen habitual para el diagnóstico de la meningitis y para determinar su causa. Para ello se inserta una aguja delgada entre dos vértebras en la parte inferior de la columna vertebral para recoger una muestra de líquido cefalorraquídeo de la zona justo por debajo de la médula espinal. Luego se examina el líquido al microscopio en busca de bacterias y se envía al laboratorio para su cultivo e identificación. Las bacterias pueden someterse a una prueba para determinar su susceptibilidad a diferentes antibióticos (antibiograma). El valor de azúcar, un incremento de las proteínas, la cantidad y el tipo de glóbulos blancos en el líquido cefalorraquídeo pueden ayudar a determinar el tipo de infección.

Para ayudar a establecer el diagnóstico, además de la punción lumbar, el médico puede hacer cultivos de sangre, de orina, de mucosidad nasal y de garganta, así como del pus proveniente de infecciones de la piel.