La neumonía se debe frecuentemente a tres tipos de hongos: Histoplasma capsulatum, que causa la histoplasmosis, Coccidioides immitis, que causa la coccidioidomicosis y Blastomyces dermatitidis, que causa la blastomicosis. Los individuos que contraen la infección, por lo general tienen tan sólo síntomas menores y no se dan cuenta de que están infectados. Algunos enferman gravemente.




La histoplasmosis se produce en todo el mundo pero prevalece en los valles fluviales y en las zonas de clima templado y tropical. Los hongos no causan síntomas en todas las personas que los han aspirado. En realidad, muchas personas se enteran de que han estado expuestas a los hongos sólo después de una prueba cutánea. Otras pueden tener tos, fiebre, dolores musculares y dolores torácicos. La infección puede causar neumonía aguda o crónica y en este caso los síntomas persisten durante meses. Es poco frecuente que la infección se propague a otras zonas del cuerpo, especialmente a la médula ósea, al hígado, al bazo y al tracto gastrointestinal. La forma diseminada de la enfermedad tiende a presentarse en individuos con SIDA y otros trastornos del sistema inmune. Por lo general, el diagnóstico se basa en la identificación del hongo presente en una muestra de esputo o en el análisis de sangre que identifica ciertos anticuerpos. Sin embargo, el análisis de sangre demuestra simplemente la exposición al hongo pero no confirma que sea el causante de la enfermedad. El tratamiento consiste habitualmente en la administración de un fármaco contra los hongos, como el itraconazol o la amfotericina B.

La coccidioidomicosis se presenta principalmente en las zonas de clima semiárido, especialmente en el sudoeste de los Estados Unidos y en ciertas zonas de América del Sur y de América Central. Una vez aspirado, el hongo puede causar síntomas o bien provocar una neumonía aguda o crónica.

En algunos casos, la infección se extiende más allá del aparato respiratorio, habitualmente a la piel, los huesos, las articulaciones y las membranas que envuelven el cerebro (meninges). Esta complicación es más frecuente en los varones, especialmente en individuos que padecen SIDA y otros trastornos del sistema inmunitario. El diagnóstico se establece identificando el hongo en una muestra de esputo o de otra zona infectada o llevando a cabo un análisis de sangre que identifica ciertos anticuerpos. El tratamiento habitual consiste en administrar un fármaco antimicótico, como el fluconazol o la amfotericina B.

En la blastomicosis, después de haber sido aspirado, el hongo causa infección sobre todo en el pulmón pero, en general, no produce síntomas. Algunos individuos desarrollan una enfermedad semejante a la gripe y, en ocasiones los síntomas de una infección crónica pulmonar persisten durante varios meses. La enfermedad se puede propagar a otras partes del organismo, especialmente piel, huesos, articulaciones y próstata. El diagnóstico se basa habitualmente en la identificación del hongo en el esputo. El tratamiento consiste en administrar un fármaco contra los hongos, como el itraconazol o la amfotericina B.




Otras infecciones por hongos se producen fundamentalmente en individuos cuyo sistema inmunitario se encuentra gravemente afectado. Estas infecciones son, entre otras, la criptococosis, causada por Cryptococcus neoformans; la aspergilosis, causada por Aspergillus; la candidiasis, causada por Candida; y la mucormicosis. Las cuatro infecciones se producen en todo el mundo. La criptococosis, la más frecuente, puede manifestarse en individuos sanos y por lo general es grave sólo quienes padecen trastornos subyacentes del sistema inmunitario como el SIDA. La criptococosis puede propagarse, especialmente a las meninges, donde la enfermedad resultante es la meningitis criptocócica.

El Aspergillus causa infecciones pulmonares en personas que padecen SIDA o que han sido sometidas a un trasplante de órgano. La candidiasis pulmonar, una infección rara, se produce con mayor frecuencia en pacientes que tienen valores de glóbulos blancos inferiores al valor normal; es el caso de personas con leucemia o sometidas a quimioterapia. La mucormicosis, una infección relativamente rara provocada por hongos, se produce con mayor frecuencia en los individuos que padecen diabetes aguda o leucemia. Las cuatro infecciones se tratan con fármacos antimicóticos, como el itraconazol, el fluconazol y la amfotericina B. Sin embargo, es posible que no se recuperen las personas que padecen SIDA u otros trastornos del sistema inmunitario.