En el prolapso de la válvula mitral se produce una protrusión de las valvas de la válvula hacia el interior de la aurícula izquierda durante la contracción ventricular, lo que puede provocar reflujo (regurgitación) de pequeñas cantidades de sangre hacia el interior de la aurícula.




Del 2 al 5 por ciento de la población general tiene prolapso de la válvula mitral, aunque por lo general esto no es causa de problemas cardíacos graves.

Síntomas y diagnóstico de Prolapso de la válvula mitral

La mayoría de las personas con prolapso de la válvula mitral no presenta síntomas. Otras sí los tienen (aunque son difíciles de explicar con base sólo en el problema mecánico), como dolor torácico, palpitaciones, migraña, fatiga y vértigo. En algunos casos, la presión arterial desciende por debajo del nivel normal al incorporarse; en otros, pueden aparecer latidos cardíacos ligeramente irregulares que causan palpitaciones (una percepción subjetiva del latido cardíaco).

La afección se diagnostica tras auscultar un sonido característico (clic) mediante el fonendoscopio. La regurgitación o insuficiencia se confirma si durante la contracción ventricular se ausculta un soplo. Un ecocardiograma, una técnica de obtención de imágenes mediante ultrasonidos, permite observar el prolapso y determinar la gravedad de la insuficiencia.

Tratamiento de Prolapso de la válvula mitral

La mayoría de personas con prolapso de la válvula mitral no precisa tratamiento. Si el corazón late demasiado rápido, se administra un betabloqueador para retardar la frecuencia cardíaca y reducir las palpitaciones y el resto de síntomas.

Si hay regurgitación, la persona debería tomar antibióticos antes de someterse a procedimientos odontológicos o quirúrgicos, debido al riesgo de que las bacterias liberadas durante tales procedimientos infecten la válvula cardíaca.