El prolapso rectal es la protrusión del recto a través del ano.

El prolapso rectal hace que el recto se invierta, de tal forma que desde el ano se ve el revestimiento mucoso como una prolongación de tejido de color rojo oscuro, húmedo y con forma de dedo.




Los lactantes sanos a menudo sufren un prolapso rectal temporal que sólo afecta al revestimiento del recto (mucosa), probablemente debido a un esfuerzo excesivo en alguna evacuación, y raramente se trata de algo grave. En los adultos, el prolapso del revestimiento del recto tiende a hacerse persistente y puede empeorar, de tal modo que cada vez protruye una mayor parte del mismo.

La procidencia es un prolapso completo del recto. Habitualmente, ocurre más en las mujeres mayores de 60 años.

Para determinar la extensión de un prolapso, el médico examina el área mientras la persona permanece de pie o en cuclillas y hace fuerza como para evacuar. Mediante la palpación del esfínter anal con el dedo, el médico a menudo detecta un tono muscular disminuido. Una sigmoidoscopia y una exploración radiológica del intestino grueso con enema de bario pueden poner de manifiesto una enfermedad subyacente, como una enfermedad de los nervios del esfínter.

Tratamiento Prolapso rectal

En los lactantes y niños, un emoliente de las heces evita tener que realizar esfuerzos durante la defecación. La sujeción de las nalgas una contra la otra entre las deposiciones generalmente ayuda a que el prolapso rectal se cure por sí mismo.

En los adultos es necesario el tratamiento quirúrgico para solucionar el problema. A menudo la cirugía cura el prolapso completo (procidencia). Una de las variantes de operación abdominal consiste en levantar el recto, tirarlo hacia atrás y unirlo al hueso sacro. Otra técnica consiste en extirpar una porción del recto.

Si la cirugía no está indicada por razones de edad o de mala salud, se puede colocar un anillo de alambre o de plástico alrededor del esfínter; este procedimiento se denomina técnica de Thiersch.