El síndrome de Reiter es una inflamación de las articulaciones y de las uniones de los tendones a las mismas, acompañada con frecuencia de una inflamación de la conjuntiva del ojo y de las membranas mucosas, como las de la boca, el tracto urinario, la vagina y el pene, y por una erupción cutánea característica.

El síndrome de Reiter se denomina artritis reactiva porque la inflamación articular parece ser una reacción a una infección originada en una zona del cuerpo distinta a las articulaciones. Este síndrome es más frecuente en varones de edad comprendida entre 20 y 40 años.




El síndrome de Reiter tiene dos formas. Una de ellas se manifiesta en caso de infecciones de transmisión sexual (como la infección por clamidias) y es más frecuente en los varones jóvenes; la otra, por lo general, resulta de una infección intestinal, como la salmonelosis. Las personas que desarrollan el síndrome de Reiter después de la exposición a estas infecciones, parecen tener una predisposición genética a este tipo de reacción, relacionada con el mismo gen hallado en personas que padecen espondilitis anquilosante. La mayoría de las personas que tienen estas infecciones no desarrollan, sin embargo, el síndrome de Reiter.

Síntomas Reiter

Los síntomas comienzan entre los 7 y los 14 días después de la infección. El primer síntoma es, por lo general, una inflamación de la uretra (el conducto que lleva la orina desde la vejiga al exterior del cuerpo). En los varones, esta inflamación causa dolor moderado y una supuración del pene. La próstata puede inflamarse y producir dolor. Los síntomas genitales y urinarios en las mujeres, si los hay, son leves y consisten en supuración vaginal ligera o incomodidad al orinar.

La conjuntiva (la membrana que reviste el párpado y cubre el globo del ojo) puede enrojecer e inflamarse, causando picor o ardor y la producción excesiva de lágrimas. El dolor y la inflamación articulares pueden ser leves o severos. Por lo general, varias articulaciones resultan afectadas al mismo tiempo, sobre todo las rodillas, las articulaciones de los dedos del pie y las zonas donde los tendones se unen a los huesos (como los talones). En los casos más graves, la columna vertebral también puede inflamarse y causar dolor.

Aparecen llagas pequeñas e indoloras en la boca, sobre la lengua y en el extremo distal del pene (glande). En ocasiones, puede aparecer una erupción característica, constituida por granos duros y densos en la piel, especialmente en las palmas de las manos y las plantas de los pies. Debajo de las uñas de las manos y de los pies puede observarse la presencia de sedimentos de color amarillo.




En la mayoría de casos, los síntomas iniciales desaparecen en 3 o 4 meses; sin embargo, la artritis u otros síntomas pueden tener recidiva en el transcurso de varios años en un 50 por ciento de los pacientes. Se pueden desarrollar deformaciones de las articulaciones y la columna vertebral si los síntomas persisten o recurren con frecuencia. Muy pocas personas que padecen el síndrome de Reiter quedan incapacitadas permanentemente.

Diagnóstico y tratamiento Reiter

La combinación de síntomas articulares, genitales, urinarios, cutáneos y oculares hacen que el médico sospeche la presencia del síndrome de Reiter. Dado que los diferentes síntomas no se manifiestan de manera simultánea, el diagnóstico puede requerir varios meses. No se dispone de análisis de laboratorio que confirmen el diagnóstico; sin embargo, puede analizarse una muestra de la uretra (tomada con un escobillón) o del líquido articular, o efectuar una biopsia (extracción de tejido para su examen al microscopio) de la articulación para tratar de identificar el organismo infeccioso que desencadena el síndrome.

En primer lugar, se administran antibióticos para tratar la infección, pero el tratamiento no siempre resulta eficaz y su duración óptima se desconoce. La artritis se trata por lo general con fármacos antiinflamatorios no esteroideos. La sulfasalazina o el metotrexato (un fármaco inmunosupresor) pueden ser utilizados como en la artritis reumatoide. Generalmente, los corticosteroides no se administran por vía oral, sino mediante una inyección directa dentro de la articulación inflamada, lo que resulta útil en algunos casos. La conjuntivitis y las llagas de la piel no necesitan tratamiento, aunque una inflamación ocular grave puede requerir la aplicación de una pomada con un corticosteroide, o gotas oculares.