El síndrome de Sjögren es un trastorno inflamatorio crónico caracterizado por una sequedad excesiva de los ojos, la boca y otras membranas mucosas.

Este síndrome está frecuentemente asociado a otros síntomas más característicos de la artritis reumatoide o del lupus eritematoso sistémico. El síndrome de Sjögren es considerado como una enfermedad autoinmune, aunque se desconoce su causa. Es menos frecuente que la artritis reumatoide y su incidencia es mayor en las mujeres que en los varones.

Los glóbulos blancos se infiltran en las glándulas que segregan líquido (como las salivales de la boca y las glándulas lagrimales de los ojos), lo cual provoca sequedad de la boca y los ojos (síntomas clásicos de este síndrome). El síndrome de Sjögren también puede secar las membranas mucosas que revisten el tracto gastrointestinal, la tráquea, la vulva y la vagina.




Síntomas Síndrome de Sjögren

En algunos casos, sólo se secan la boca o los ojos (complejo seco, síndrome seco). La sequedad de los ojos puede dañar gravemente la córnea; la falta de lágrimas puede causar daños permanentes en el ojo. La insuficiencia salival puede entorpecer el gusto y el olfato, dificultar la comida y la deglución y causar caries.

En otras personas resultan afectados muchos órganos. La sequedad de la tráquea y los pulmones puede hacerlos más susceptibles a la infección, provocando neumonías. La envoltura del corazón puede inflamarse (pericarditis). Los nervios pueden sufrir daño, especialmente los de la cara. El hígado, el páncreas, el bazo, los riñones y los ganglios linfáticos pueden verse afectados. Puede producirse una artritis, que se da en casi un tercio de las personas, afectando a las mismas articulaciones que la artritis reumatoide; pero la artritis provocada por el síndrome de Sjögren tiende a ser más leve y, en general, no es destructiva.

El linfoma, un cáncer del sistema linfático, es 44 veces más frecuente en las personas que padecen el síndrome de Sjögren que en el resto de la población.

Diagnóstico Síndrome de Sjögren

Es probable que una persona con sequedad de la boca y de los ojos, y una inflamación articular, sufra el síndrome de Sjögren. El médico puede realizar varias pruebas para diagnosticar la enfermedad.

Se mide la cantidad de lágrimas producidas, colocando una cinta de papel filtro bajo cada párpado inferior y observando la porción de la cinta que se moja (prueba de Schirmer). El individuo que tiene el síndrome de Sjögren puede producir menos de un tercio de la cantidad normal. El oftalmólogo controlará los posibles daños en la superficie del ojo.




Se pueden realizar muchas pruebas sofisticadas para evaluar la secreción de la glándula salival. El médico puede solicitar una gammagrafía o efectuar una biopsia de las glándulas salivales. Los análisis de sangre pueden detectar anticuerpos anormales como los anti-SSB, un anticuerpo altamente específico del síndrome de Sjögren.

Las personas que padecen este síndrome presentan a menudo anticuerpos más característicos de la artritis reumatoide (factor reumatoide) o del lupus (anticuerpos antinucleares). La velocidad de sedimentación globular es elevada en 7 de cada 10 personas, y 1 de cada 3 tiene un déficit de glóbulos rojos (anemia) o de ciertos tipos de glóbulos blancos.

Pronóstico y tratamiento Síndrome de Sjögren

El pronóstico depende de la capacidad de los anticuerpos para dañar los órganos vitales. En raras ocasiones, la muerte se produce por neumonía, insuficiencia renal o linfoma.

No se dispone de cura para el síndrome de Sjögren, pero los síntomas pueden aliviarse: la sequedad de los ojos puede tratarse con gotas de lágrimas artificiales; una boca seca se humedece sorbiendo líquidos continuamente, mascando chicle sin azúcar o mediante el enjuague bucal con un colutorio.

Los fármacos que reducen la cantidad de saliva, como los descongestionantes y antihistamínicos, deben evitarse ya que pueden empeorar la sequedad. La pilocarpina ayuda a estimular la producción de saliva si las glándulas salivales no están gravemente dañadas. Una cuidadosa higiene dental y visitas frecuentes al dentista minimizan la caries y pérdida de los dientes. El dolor y la hinchazón de las glándulas salivales se tratan con analgésicos. La aspirina y el reposo constituyen, en muchos casos, un tratamiento suficiente para los síntomas articulares, ya que son generalmente leves. Los corticosteroides (como la prednisona) administrados por vía oral son muy eficaces cuando los síntomas resultantes de la lesión de los órganos internos son severos.