El síndrome de Tourette es un trastorno que cursa con tics respiratorios y vocales que ocurren frecuentemente a lo largo del día y duran por lo menos un año.

Se inicia en la infancia, a menudo con tics simples (sacudidas musculares repetitivas, involuntarias y sin finalidad aparente), pero progresa hasta convertirse en movimientos múltiples y complejos que incluyen tics vocales y espasmos respiratorios repentinos. Los tics vocales pueden iniciarse en forma de gruñidos o emisión de una especie de ladridos, que luego evolucionan hasta la pronunciación de palabras groseras de forma compulsiva e involuntaria.




Causas Síndrome de Tourette

El síndrome de Tourette es un trastorno hereditario que presenta una prevalencia tres veces mayor en los varones que en las mujeres. Se desconoce su causa, pero se cree que es consecuencia de una anormalidad de la dopamina u otros neurotransmisores cerebrales (sustancias utilizadas por las neuronas para comunicarse entre sí).

Síntomas y diagnóstico Síndrome de Tourette

Muchas personas tienen tics simples, como el parpadeo repetitivo. Éstos son hábitos nerviosos y desaparecen con el tiempo. Sin embargo, los tics del síndrome de Tourette son mucho más complejos. Un niño afectado por este síndrome puede mover repetidas veces la cabeza de lado a lado, parpadear, abrir la boca y estirar el cuello. Los tics más complejos consisten en dar golpes y patadas, emitir gruñidos y bufidos y tararear. Las personas con este síndrome pueden proferir obscenidades sin causa aparente, con frecuencia en medio de una conversación y, en cuanto oyen una palabra, la repiten (ecolalia). Algunos llegan a suprimir algún tic, pero les resulta difícil, y otros tienen problemas para controlarlos, especialmente en momentos de estrés emocional.

Las personas con el síndrome de Tourette suelen pasar un mal rato durante las situaciones sociales. En el pasado se las evitaba, aislándolas o incluso creyendo que estaban poseídas por el demonio. Muchos de los afectados manifiestan conductas impulsivas, agresivas y autodestructivas, y es frecuente que los niños tengan dificultades de aprendizaje. Se desconoce qué es lo que desencadena estas conductas, es decir, si se deben al propio síndrome o al gran estrés que produce vivir con este trastorno.

Tratamiento Síndrome de Tourette

El diagnóstico precoz puede ayudar a los padres a comprender que tales conductas no se producen voluntariamente ni por despecho, y que estas manifestaciones no pueden controlarlas mediante el castigo.




Los tics pueden responder a la administración de fármacos ansiolíticos, aunque no se trate de un problema de psicosis. El haloperidol es el fármaco antipsicótico de elección, resulta eficaz pero puede producir efectos secundarios, como rigidez, aumento de peso, visión borrosa, somnolencia y disminución de las facultades mentales. Otro antipsicótico, es la pimozida, cuyos efectos secundarios suelen ser menos graves. La clonidina no es un antipsicótico, pero consigue reducir la ansiedad y la conducta obsesivo-compulsiva y, por otra parte, los efectos secundarios son menores que los del haloperidol y la pimozida. El clonazepam es un fármaco contra la ansiedad con escaso éxito en el tratamiento del síndrome de Tourette.