La tos es un movimiento de aire, súbito, ruidoso y violento, que tiende a despejar las vías respiratorias.

Toser, un reflejo familiar pero complejo, es una forma de protección de los pulmones y de las vías aéreas. Junto con otros mecanismos, la tos ayuda a los pulmones a desprenderse de las partículas aspiradas. La tos a veces se acompaña de esputo, una mezcla de mucosidad, desechos y células que es expulsada por los pulmones.

Los tipos de tos varían considerablemente. Una tos puede ser agotadora, especialmente si los accesos van acompañados de dolor torácico, de ahogo, o de una cantidad significativa de esputo, también llamado flema. Sin embargo, cuando la tos persiste durante mucho tiempo, como puede suceder en el caso de un fumador con bronquitis crónica, es posible que éste ni se dé cuenta de ello.




Las diversas características de la tos contribuyen a que el médico pueda determinar su causa. Por consiguiente, el médico puede formular las siguientes preguntas:

– ¿Cuánto tiempo hace que tiene tos?

– ¿En qué momento del día se produce?

– ¿Existe algún factor desencadenante: el aire frío, la posición, el hecho de conversar, comer o beber?

– ¿Se acompaña de dolores en el tórax, dificultad para respirar, ronquera, vértigo u otros síntomas?

– ¿Provoca la tos expectoración con esputos?

Una persona puede producir esputo sin toser, o tener tos seca sin esputo. El aspecto del esputo contribuye al diagnóstico médico. Si tiene un aspecto amarillo, verde o pardo puede indicar una infección por bacterias. Si en cambio es transparente, blanco o acuoso, no se trata de una infección bacteriana, sino de la presencia de un virus, de una alergia o de una sustancia irritante. El médico puede examinar el esputo al microscopio; las bacterias y los glóbulos blancos detectados son indicativos de infección.

Tratamiento de la tos

Por lo general, no se debería suprimir la tos con mucho esputo, ya que ésta desempeña un papel importante en la expectoración y limpieza de las vías respiratorias. Es más importante tratar la causa subyacente, que puede ser una infección, la presencia de líquido en los pulmones o una alergia. Por ejemplo, se pueden administrar antibióticos si se trata de una infección o antihistamínicos si se trata de una alergia.




Los medicamentos para la tos pueden utilizarse para combatir una tos seca (la que no va acompañada de expectoración), si ésta resulta molesta. También bajo ciertas circunstancias, como cuando alguien está cansado pero no puede dormir, se pueden usar productos para aliviar la tos, aunque éstos induzcan la expectoración. La tos se trata con dos grupos de fármacos: antitusígenos y expectorantes.

Terapia antitusígena de la tos

Los fármacos antitusígenos suprimen la tos. La codeína, un narcótico, es un calmante (analgésico) que suprime la tos al inhibir el centro de la tos en el cerebro, pero puede causar somnolencia. Puede también provocar náuseas, vómitos o estreñimiento. Si se toma codeína durante un período prolongado, es posible que se tenga que aumentar la dosis necesaria para suprimir la tos. Otros medicamentos narcóticos administrados para suprimir la tos tienen efectos secundarios similares.

El dextrometorfano no es un analgésico, pero inhibe eficazmente el centro de la tos en el cerebro. Esta sustancia, que se encuentra en muchos remedios contra la tos, de venta sin prescripción médica, no causa adicción ni produce somnolencia.

Los demulcentes forman una película protectora sobre el revestimiento irritado. Son útiles para la tos producida por una irritación de la laringe. Los demulcentes se presentan en forma de comprimidos y jarabe.

Los anestésicos locales, como la benzocaína, inhiben el reflejo de la tos.

Estos medicamentos se aplican directamente en la garganta por medio de un pulverizador, antes de realizar algunos exámenes que podrían verse dificultados por la tos, como una broncoscopia (examen que consiste en la observación de los bronquios mediante la introducción de un tubo provisto de instrumentos ópticos).

La inhalación de vapor, utilizando por ejemplo un vaporizador, puede suprimir la tos reduciendo la irritación de la faringe y de las vías respiratorias. La humedad del vapor también ablanda las secreciones, facilitando la expectoración. Se puede lograr el mismo resultado con un humidificador de vahos fríos.

Expectorantes de la de la tos

Los expectorantes son útiles para desprender la mucosidad, ya que ablandan las secreciones bronquiales y por lo tanto facilitan la expectoración. Los yoduros son expectorantes que se utilizan con frecuencia, al igual que la guaifenesina y el hidrato de terpina, ingredientes de muchas preparaciones de venta sin prescripción médica. El jarabe de ipecacuana a dosis bajas puede ser útil en los niños, especialmente en los afectados de tos ferina. Los fármacos que ablandan la mucosidad (llamados mucolíticos) se utilizan a veces cuando el principal problema es la presencia de secreciones bronquiales densas y viscosas, como sucede en la fibrosis quística.

Antihistamínicos, descongestionantes y broncodilatadores

Los antihistamínicos, que resecan el tracto respiratorio, tienen escasa o nula utilidad en el tratamiento de la tos, excepto cuando su causa es una alergia o un resfriado común que está en su fase inicial. Cuando la causa de la tos es otra, la acción secante de los antihistamínicos puede resultar contraproducente, ya que las secreciones se hacen más viscosas y más difíciles de expectorar.




Los descongestionantes como la fenilefrina, que alivia la obstrucción nasal, no son útiles para la tos, a no ser que la causa sea debida a un goteo posnasal.

Se pueden prescribir broncodilatadores, como los agentes simpaticomiméticos inhalados o la teofilina por vía oral, en caso de tos con estrechamiento de la vía aérea, como sucede en el asma bronquial y en el enfisema.