Los tumores óseos metastásicos son formas de cáncer que se han extendido al hueso desde su lugar de origen, en cualquier parte del organismo.

Los cánceres de mama, pulmón, próstata, riñón y tiroides son los más propensos a propagarse al hueso. El cáncer puede extenderse a cualquier hueso, pero no suele propagarse más allá del codo y la rodilla. Un individuo que tiene o ha tenido cáncer y manifiesta dolor o inflamación de los huesos, debe ser examinado para descartar posibles tumores óseos metastásicos. Las radiografías y las gammagrafías pueden ayudar a localizar estos tumores.




En ocasiones, un tumor metastásico en el hueso provoca síntomas, incluso antes de la detección del cáncer original. Los síntomas consisten en dolor o en una fractura en el punto en que el tumor ha debilitado el hueso. En esos casos, una biopsia es generalmente útil para determinar la localización del cáncer original.

El tratamiento depende del tipo de cáncer; algunos responden a la quimioterapia, algunos a la radioterapia, otros a ambas y otros a ninguna de las dos. Las fracturas pueden prevenirse mediante una intervención quirúrgica para estabilizar el hueso.