La sal  y la hipertensión

La sal (cloruro de sodio) se encuentra en casi todos los alimentos que comemos, pero su cantidad varía mucho; el 75 por ciento proviene de los alimentos procesados como los enlatados y embutidos, mientras que el 15 por ciento se obtiene de la sal que se agrega en el momento de cocinar. Algunos alimentos frescos como vegetales, frutas y carnes sin procesar son bajos en sal contribuyendo con una cantidad mínima en la dieta diaria.

La cantidad de sal que una persona requiere es de 2300 miligramos por día, la cual se obtiene solamente con la sal natural de los alimentos frescos, siendo innecesario agregar más sal en los alimentos.




La mayoría de las personas ingieren más sal de la necesaria, lo cual puede conducir a elevar la presión arterial sanguínea e incrementando el riesgo de padecer un problema cardiovascular. Y si ya se tiene hipertensión arterial, es importante reducir importantemente el consumo de sal.

Comer con menos sal

Evite los alimentos procesados tales como carnes, salsas comerciales, sopas, condimentos de paquetes, o elija aquellos etiquetados como libres y bajos en sal, o con un contenido de sodio no mayor a 120 miligramos por cada 100 gramos.

  • Evite papás fritas y cacahuates salados
  • Prefiera las frutas y verduras frescas
  • Elija panes y cereales bajos en sal
  • Evite agregar sal y cubos de jugo de pollo o carne a los alimentos que cocina. Mejor condimente con ajo, pimienta, hierbas, vinagre, jugo de limón, especias, entre otros.
  • Prepare sus salsas con vegetales frescos y no les ponga sal.
  • La sal de ajo, sal con pimienta, sal marina y sal de grano, no es diferente a la sal ordinaria.

Tal vez tomará tiempo ajustarse a una dieta baja en sal. Hay que ser paciente, en un par de semanas comenzará a saberle mejor los alimentos sin sal. Si es muy difícil alejarse de la sal, reduzca su consumo gradualmente. Algunas personas con hipertensión arterial que toman medicamentos controlan mejor su presión sanguínea si reducen el consumo de sal.