¿Qué es la artritis infecciosa?

La artritis infecciosa es una infección del contenido líquido (líquido sinovial) y de los tejidos de una articulación.

Los organismos infecciosos, principalmente las bacterias, suelen alcanzar la articulación a través del flujo sanguíneo, aunque ésta puede infectarse directamente si se contamina por vía quirúrgica, por una inyección o por una herida. Una articulación puede verse infectada por diversas bacterias. El tipo de bacteria causante de la infección puede variar según la edad de la persona. Los estafilococos, el Hemophylus influenzae y las bacterias conocidas como bacilos gramnegativos infectan con más frecuencia a bebés y niños pequeños, mientras que los gonococos (bacterias que causan la gonorrea), los estafilococos y los estreptococos, infectan con mayor frecuencia a niños mayores y adultos. Los virus, como el de la inmunodeficiencia humana (VIH), los parvovirus y los que causan la rubéola, las paperas y la hepatitis B, pueden infectar las articulaciones de personas de cualquier edad. Las infecciones articulares crónicas son muy a menudo provocadas por tuberculosis u hongos.




Síntomas de la artritis infecciosa

Es habitual que los niños experimenten fiebre y dolor, con tendencia a la irritabilidad. Es corriente que los niños no muevan la articulación infectada por el dolor que ello les produce. En niños mayores y en adultos que presentan infecciones bacterianas o víricas, es habitual que los síntomas comiencen de manera súbita. Es corriente el enrojecimiento, el calor local y el dolor al movimiento y al tacto, al igual que la acumulación de líquidos, provocando hinchazón y rigidez en la articulación. Otros síntomas son fiebre y escalofríos.

Las articulaciones que se infectan con mayor frecuencia son las de la rodilla, del hombro, de la muñeca, de la cadera, de los dedos y de los codos. Los hongos o las micobacterias (bacterias que causan la tuberculosis e infecciones similares) suelen causar síntomas de menor intensidad. La mayoría de las infecciones por hongos y micobacterias afectan sólo a una articulación y, en raras ocasiones, infectan a varias de manera simultánea. Por ejemplo, la bacteria que causa la enfermedad de Lyme infecta muy a menudo las articulaciones de la rodilla. Los gonococos y los virus pueden infectar muchas articulaciones al mismo tiempo.

Diagnóstico de la artritis infecciosa

Una articulación infectada suele ser destruida en pocos días, a menos que el tratamiento con antibióticos se inicie inmediatamente. Por esta razón se realizan varias pruebas de diagnóstico si existe la posibilidad de infección. Es habitual extraer una muestra del líquido articular, tanto para detectar la presencia de glóbulos blancos como para efectuar pruebas complementarias, que determinarán la presencia de bacterias y otros organismos. Los cultivos en laboratorio son, en la mayoría de los casos, útiles para identificar la bacteria que causa la infección del líquido articular, a menos que la persona haya tomado antibióticos recientemente. Sin embargo, las bacterias que causan la gonorrea, la enfermedad de Lyme y la sífilis son difíciles de aislar del líquido articular.

Las bacterias responsables de las infecciones articulares aparecen frecuentemente en el flujo sanguíneo; por ello, es habitual que el médico solicite un análisis de sangre. Así mismo, se puede analizar el esputo, el líquido de la médula espinal y la orina con el fin de determinar la fuente de la infección.

Tratamiento de la artritis infecciosa

El tratamiento con antibióticos se inicia tan pronto como se sospecha la posibilidad de infección, incluso antes de la identificación del organismo infeccioso por parte del laboratorio. En primer lugar se administran antibióticos para eliminar las bacterias más probables y, en caso de ser necesario, se administrarán otros más adelante. Con frecuencia, se administran inicialmente los antibióticos por vía intravenosa, para asegurar que el fármaco llegue en cantidad suficiente a la articulación infectada. En raras ocasiones se inyectan directamente en la articulación. Si el tratamiento es adecuado, la mejoría se produce en el transcurso de 48 horas.

Para prevenir la acumulación de pus (que puede dañar la articulación), el médico lo extrae con una aguja. En ocasiones, se inserta un tubo para drenar el pus, sobre todo si la articulación es difícil de alcanzar con una aguja, por ejemplo, en el caso de la cadera. Si el drenaje de la articulación, practicado con una aguja o un tubo, no resulta eficaz, se puede recurrir a la cirugía o a la artroscopia (procedimiento que utiliza un microscopio especial para examinar el interior de la articulación). En un principio, se puede inmovilizar la articulación para aliviar el dolor, pero también será necesaria una rehabilitación física para prevenir la rigidez y la pérdida permanente de funciones.

Las infecciones causadas por hongos se tratan con fármacos antimicóticos y la tuberculosis, con una combinación de antibióticos. Sin embargo, las infecciones víricas suelen mejorar de forma espontánea, de ahí que sólo sea necesaria la terapia para el dolor y la fiebre.

En general, cuando se infecta una articulación artificial, resulta inadecuado el tratamiento basado únicamente en antibióticos.

Al cabo de varios días de tratamiento con antibióticos, la cirugía puede ser necesaria para sustituir la articulación.