La neumonía debe tratarse rápidamente mediante un tratamiento con antibiótico para prevenir las complicaciones. 

La neumonía es una infección de los pulmones que afecta a los pequeños sacos de aire (alvéolos) y los tejidos circundantes.

Varios millones de personas desarrollan neumonía y gran número mueren cada año. Con frecuencia la neumonía puede ser una enfermedad terminal en personas que padecen otras enfermedades crónicas graves. Es la sexta causa más frecuente de todas las muertes y la infección mortal más frecuente que se adquiere en los hospitales. En los países en vías de desarrollo, la neumonía es la causa principal de muerte y sólo la segunda después de la deshidratación causada por la diarrea aguda.

Causas de la neumonía

La neumonía no es una enfermedad única, sino muchas enfermedades diferentes, cada una de ellas causada por un microorganismo distinto. Por lo general, la neumonía se presenta tras la inhalación de unos microorganismos, pero a veces la infección es llevada por el flujo sanguíneo o migra a los pulmones directamente desde una infección cercana.




En los adultos, las causas más frecuentes son las bacterias, como Streptococcus pneumoniae, Staphylococcus aureus, Legionella y Hemophylus influenzae. Los virus, como los de la gripe y la varicela, pueden también causar neumonía. El Mycoplasma pneumoniae, un microorganismo semejante a una bacteria, es una causa particularmente frecuente de neumonía en niños mayores y en adultos jóvenes. Algunos hongos causan también neumonía.

Algunas personas son más propensas a esta enfermedad que otras. El alcoholismo, fumar cigarrillos, la diabetes, la insuficiencia cardíaca y la enfermedad pulmonar obstructiva crónica son causas que predisponen a la neumonía. Los niños y las personas de edad avanzada tienen mayor riesgo de desarrollarla, así como los individuos con un sistema inmune deficiente, debido a ciertos fármacos (como los utilizados para curar el cáncer y en la prevención del rechazo de un trasplante de órgano). También están en el grupo de riesgo las personas debilitadas, postradas en cama, paralizadas o inconscientes o las que padecen una enfermedad que afecta al sistema inmunitario como el SIDA.

La neumonía puede aparecer después de una cirugía, especialmente la abdominal, o de un traumatismo, sobre todo una lesión de tórax, debido a la consecuente respiración poco profunda, a la disminución de la capacidad de toser y a la retención de la mucosidad. Con frecuencia los agentes causantes son el Staphylococcus aureus, los neumococos y el Hemophylus influenzae o bien una combinación de estos microorganismos.

Síntomas y diagnóstico de la neumonía

Los síntomas corrientes de la neumonía son una tos productiva con esputo, dolores en el tórax, escalofríos, fiebre y ahogo. Sin embargo, estos síntomas dependen de la extensión de la enfermedad y del microorganismo que la cause. Cuando la persona presenta síntomas de neumonía, el médico ausculta el tórax con un fonendoscopio para evaluar la afección. La neumonía generalmente produce una modificación característica de la transmisión de los sonidos que puede oírse mediante el fonendoscopio.

En la mayoría de los casos, el diagnóstico se confirma con una radiografía de tórax que, con frecuencia, contribuye a determinar cuál es el microorganismo causante de la enfermedad. También se examinan muestras de esputo y de sangre con el fin de identificar la causa. Sin embargo, en la mitad de los individuos con neumonía, no se llega a identificar el microorganismo responsable.

Tratamiento de la neumonía

Los ejercicios de respiración profunda y la terapia para eliminar las secreciones son útiles en la prevención de la neumonía en personas con alto riesgo, como los que han sido sometidos a una intervención de tórax y aquellos que están debilitados. Las personas que padecen neumonía también necesitan despejar las secreciones.

Con frecuencia, los individuos que no están muy enfermos pueden tomar antibióticos por vía oral y permanecer en casa. Las personas de edad avanzada y las que tienen ahogo o una enfermedad cardíaca o pulmonar preexistente, habitualmente son hospitalizadas y tratadas con antibióticos por vía intravenosa. También pueden necesitar oxígeno, líquidos intravenosos y ventilación mecánica.




 Mi hijo padece una neumonía, ¿de qué se trata?

La neumonía es una infección aguda de los pulmones causada por un virus o una bacteria, aunque en la mayoría de los casos, es de origen bacteriano. Sin embargo, no es extraño que resulte imposible identificar el microorganismo causante.

¿Cuáles son los síntomas de la neumonía?

Algunos de los siguientes signos pueden manifestarse repentinamente:

  • Dolor torácico, dolores abdominales
  • Tos con esputo
  • Jadeos
  • Respiración agitada
  • Fiebre alta (≥ 38,5 °C)
  • Escalofríos
  • Ritmo cardíaco acelerado
  • Signos durante la auscultación de los pulmones

Una radiografía permitirá confirmar el diagnóstico y mostrará uno o varios núcleos infecciosos.

¿Qué tratamiento debe seguir mi hijo?

El tratamiento de la neumonía incluye en todos los casos la administración inmediata de antibióticos y la reevaluación por parte del médico al cabo de 48 a 72 horas desde el comienzo del tratamiento. Su hijo deberá seguir el tratamiento con antibióticos durante el periodo de tiempo previsto y no interrumpirlo nunca sin indicación médica.

Si los signos persisten o se agravan (en particular la fiebre) al cabo de 3 días de tratamiento, consulte de nuevo a su médico.

El tratamiento se puede administrar en el domicilio del paciente, pero en los casos graves, podría ser necesario el ingreso hospitalario.