La tuberculosis es una enfermedad que puede contagiarse al toser, estornudar y hablar, especialmente en espacios cerrados. Si usted ha estado en contacto con una persona que tiene tuberculosis, debe acudir a su médico para saber si ha sido infectado.

La prueba cutánea de la tuberculina, también conocida como PPD o «prueba de Mantoux», es una manera sencilla y segura de averiguar si se tiene una infección por el bacilo de la tuberculosis.




Esta prueba consiste en la administración de una sustancia en el antebrazo mediante un pinchazo superficial. A los 2 o 3 días se valora la reacción que se produce en el lugar de la inyección. Una reacción positiva (endurecimiento en la zona del pinchazo) indica que se ha estado en contacto con el microbio de la tuberculosis. Esto no quiere decir que tenga la enfermedad. Para diagnosticar la enfermedad se necesitan otras pruebas como radiografías y cultivos del esputo.

Por lo general, un resultado negativo significa que usted no tiene tuberculosis.

La reacción desaparece sola y no supone ningún riesgo de infectarse de tuberculosis.

¿Qué puede hacer?

  • En relación con el punto donde le han hecho la prueba debe tener presentes los siguientes consejos:
    • No lo tape ni lo cubra con una venda.
    • No lo frote ni rasguñe.
    • Si el brazo le pica, colóquese un paño frío.
    • Si lo desea, puede lavar el brazo y secarlo con suavidad.
  • Informe a su médico si está tomando medicamentos que pueden alterar el resultado de la prueba, como la cortisona o si padece alguna enfermedad que pueda afectar a sus defensas, ya que se puede ocasionar un resultado negativo «falso» de la prueba. Asimismo debe informar si alguna vez ha tenido una prueba cutánea de tuberculina positiva.



¿Cuándo consultar a su médico de familia?

  • Si usted ha estado en contacto cercano con una persona diagnosticada de tuberculosis, debe acudir a su médico para descartar la infección. Las personas con más riesgo de contagiarse son los que viven en contacto con el enfermo, y principalmente los niños. También tienen riesgo de infectarse las personas que están en contacto cercano con el paciente en el trabajo o en el colegio.