Descripción de la fibromialgia

La fibromialgia (síndromes de dolor miofascial, fibromiositis) es un grupo de trastornos caracterizados por dolores muy molestos y rigidez de los tejidos blandos como los músculos, los tendones (que mantienen los músculos sujetos a los huesos) y los ligamentos (que mantienen los huesos unidos entre sí).




El dolor y la rigidez (fibromialgia) pueden manifestarse por todas partes del cuerpo o pueden estar restringidos a ciertos puntos, como en los síndromes de dolor miofascial. La fibromialgia en todo el cuerpo es más frecuente en mujeres que en varones. Los varones son más propensos a manifestar dolor miofascial o fibromialgia en una zona específica (como el hombro), provocado por un esfuerzo muscular recreacional u ocupacional. La fibromialgia no es un proceso grave, pero la persistencia de los síntomas puede interferir en la vida diaria de modo muy importante.

Causas de la fibromialgia

Aunque se desconoce su causa, la fibromialgia puede ser desencadenada por el estrés físico o mental, una posición inadecuada al dormir, una herida, la exposición a la humedad o el frío, ciertas infecciones y, en ocasiones, por artritis reumatoide o un trastorno relacionado.

Una variedad corriente, el síndrome de fibromialgia primario, suele aparecer en las mujeres jóvenes sanas que sufren depresión, ansiedad o tensión nerviosa, a menudo junto a un sueño irregular y no reparador (el sueño no reparador no repone las fuerzas, dejando a una persona tan cansada, o más, que antes de dormir). Este síndrome puede presentarse a cualquier edad, incluso en la adolescencia, afectando por lo general a las más jóvenes. En las personas de más edad, el trastorno se presenta a menudo junto con una artritis no asociada a la columna vertebral.

Síntomas de la fibromialgia

Consisten en rigidez y dolor, que suelen desarrollarse de forma gradual. En el síndrome de fibromialgia primaria, el síntoma es habitualmente el dolor y en la fibromialgia confinada a una zona específica, éste puede ser más repentino y agudo. En ambas, el dolor suele empeorar con el cansancio, el esfuerzo o la sobrecarga muscular. Unas zonas específicas pueden doler al presionarlas. Puede aparecer rigidez y espasmo muscular. Aunque ningún tejido fibroso o muscular resulte afectado, son especialmente propensos al dolor los músculos del cuello, los hombros, el tórax, la zona lumbar y los muslos. En el síndrome de fibromialgia primaria, el dolor puede presentarse por todo el cuerpo, incluso con síntomas generales como sueño no reparador, ansiedad, depresión, cansancio y síndrome de colon irritable.

Diagnóstico y tratamiento de la fibromialgia

El diagnóstico del síndrome de fibromialgia se basa en el tipo y la localización del dolor. Se determina si la presión produce dolor en un punto (puntos sensibles), o si el dolor parece moverse (irradiarse) a otras zonas (puntos gatillo).

Habitualmente la terapia sin fármacos es la más eficaz y, reduciendo la tensión nerviosa, se logra el alivio de los síntomas en algunos casos leves. Generalmente se obtienen buenos resultados, tanto con los ejercicios de estiramiento y acondicionamiento, como con una mejoría en el sueño y también con la aplicación de calor local y de masajes suaves, al igual que evitando el frío.




Sin embargo, no son de gran utilidad la aspirina u otros antiinflamatorios no esteroideos. En ocasiones, se inyectan anestésicos locales (solos o junto con corticosteroides), directamente en una zona particularmente sensible. El médico puede prescribir dosis bajas de antidepresivos que, tomados antes de acostarse, inducen un sueño profundo y alivian los síntomas.

La fibromialgia es una enfermedad crónica que ocasiona cansancio generalizado y dolor en los músculos y articulaciones de múltiples sitios del cuerpo (figura 1).

A veces también puede causar rigidez, hormigueos, sensación de hinchazón en manos y pies, jaquecas, dolores en la menstruación, molestias digestivas, sequedad de boca, ansiedad, depresión y trastornos del sueño.

No tiene una causa conocida y los síntomas pueden aparecer y desaparecer, en ocasiones dependiendo de su estado de ánimo o grado de ansiedad.

Los análisis de sangre y las radiografías son normales y sirven fundamentalmente para descartar que haya otras enfermedades.

No existe un tratamiento que produzca la curación definitiva de esta enfermedad, pero tiene que saber que no representa una amenaza para la vida, no causa deformidad, ni le va a dejar inválido.

¿Qué puede hacer?

  • Conozca su enfermedad y colabore y confíe con sus médicos. Es esencial e imprescindible para conseguir un buen resultado del tratamiento.
  • Es fundamental el ejercicio físico. No es necesario hacer ejercicios especiales ni sofisticados. Es suficiente con andar, bailar. La natación, los ejercicios en el agua o la bicicleta estática también son una buena alternativa.
  • Empiece poco a poco: primero 5 minutos al día y luego vaya aumentando el tiempo de ejercicio un poco cada día.
  • Cuando esté mejor y ya camine 30 o 60 minutos al día, puede intentar algo más fuerte. Un poco de dolor en los músculos después del ejercicio es normal, pero un dolor muy fuerte puede ser una señal de que ha hecho demasiado esfuerzo con sus músculos.
  • Para que el ejercicio le pueda ayudar, lo tiene que hacer regularmente. Así disminuirá su dolor y podrá dormir bien de noche. En algunas personas, el ejercicio hace que el dolor desaparezca por completo. Lo importante es que empiece a hacer ejercicio y que no deje de hacerlo.
  • Evite los factores que sobrecarguen huesos y músculos, como la obesidad o el sobrepeso.
  • Tenga una actitud positiva. Como en todas las enfermedades crónicas, es fundamental una actitud positiva ante las cosas de cada día. Valore siempre lo que consigue y no se desanime por lo que queda por hacer.
  • Trate de mantener una actividad constante todos los días.
  • Puede serle de utilidad aprender técnicas de relajación muscular o ejercicios de respiración.
  • Evite las sustancias que causan problemas al dormir, como el alcohol y el café.
  • En caso de dolor puede utilizar el calor local (almohadilla eléctrica, duchas o bolsa de agua caliente) o los masajes con chorros de agua.
  • En algunos casos su médico puede indicarle ciertos medicamentos. Siga sus recomendaciones correctamente. Los antiinflamatorios o relajantes musculares y en ocasiones los antidepresivos pueden mejorar los síntomas.
  • Si tuviera problemas de sueño o depresión, infórmese de qué medidas le pueden ayudar. La medicación puede mejorar los problemas de insomnio o depresión intensa.