Qué es la Insuficiencia respiratoria

La insuficiencia respiratoria es una enfermedad en la cual disminuyen los valores de oxígeno en sangre o aumentan los de anhídrido carbónico de forma peligrosa.

La insuficiencia respiratoria se debe al intercambio inadecuado de oxígeno y anhídrido carbónico entre los pulmones y la sangre o a una alteración de la ventilación (movimiento del aire hacia dentro y fuera de los pulmones).




Casi todas las enfermedades que afectan a la respiración o los pulmones pueden causar insuficiencia respiratoria. Una sobredosis de narcóticos o de alcohol puede causar un sopor tan profundo que la persona deja de respirar, produciéndose insuficiencia respiratoria. Otras causas frecuentes son la obstrucción de las vías aéreas, las lesiones del tejido pulmonar, el daño de los huesos y de los tejidos que revisten los pulmones y la debilidad de los músculos que se encargan de la entrada de aire a los pulmones. La insuficiencia respiratoria puede producirse cuando se altera la circulación sanguínea a través de los pulmones, como sucede en la embolia pulmonar. Este trastorno no interrumpe el movimiento de salida y llegada de aire a los pulmones. Sin embargo, sin el flujo de sangre en una parte del pulmón, el oxígeno no se extrae adecuadamente del aire y el anhídrido carbónico no se transfiere a la sangre. Otras causas que pueden ocasionar un flujo anormal de sangre y que pueden causar insuficiencia respiratoria, son ciertas alteraciones congénitas de la circulación que envían la sangre directamente al resto del cuerpo sin pasar primero por los pulmones.

Síntomas y diagnóstico de la Insuficiencia respiratoria

Algunos síntomas de insuficiencia respiratoria varían según la causa. Sin embargo, una concentración de oxígeno inferior al valor normal causa cianosis (una coloración azulada de la piel) y los valores elevados de anhídrido carbónico producen confusión y somnolencia. Una persona con obstrucción de las vías aéreas puede jadear, esforzándose por respirar, mientras que alguien que está intoxicado o débil puede simplemente caer en un estado de coma. Independientemente de cuál sea la causa de la insuficiencia respiratoria, los valores disminuidos de oxígeno causan un mal funcionamiento cardíaco y cerebral, provocando una alteración de la consciencia y de la frecuencia cardíaca (arritmias) con riesgo de muerte. La acumulación de anhídrido carbónico hace que la sangre se vuelva ácida, afectando a todos los órganos, especialmente el corazón y el cerebro. El cuerpo trata de librarse por sí mismo del anhídrido carbónico con una respiración profunda y rápida, pero este tipo de respiración puede ser inútil si los pulmones no funcionan con normalidad.

Si la insuficiencia respiratoria se desarrolla lentamente, la presión en los vasos sanguíneos de los pulmones aumenta, ocasionando una alteración denominada hipertensión pulmonar. Sin un tratamiento adecuado, ésta daña los vasos sanguíneos, dificultando la transferencia de oxígeno a la sangre y, al forzar el corazón, causa insuficiencia cardíaca.

Tratamiento de la Insuficiencia respiratoria

Inicialmente se administra oxígeno en la mayoría de los casos. Por lo general, se da una cantidad superior a la necesaria, a menos que el paciente padezca una insuficiencia respiratoria crónica. En estos casos, cuando una persona recibe demasiado oxígeno, su respiración tiende a ser más lenta.

También se debe tratar la causa subyacente. Se administran antibióticos para combatir la infección y broncodilatadores para dilatar las vías aéreas, pudiéndose administrar otros medicamentos para reducir la inflamación y prevenir los coágulos sanguíneos.

Algunos pacientes muy graves necesitan un respirador artificial para respirar. Se introduce un tubo de plástico a través de las fosas nasales o de la boca hasta el interior de la tráquea; este conducto se conecta a una máquina que impulsa el aire dentro de los pulmones. La espiración se produce pasivamente debido al carácter elástico de los pulmones. Se pueden utilizar varios tipos de respiradores y modos de intervención, de acuerdo con el trastorno subyacente. Cuando los pulmones no funcionan correctamente, se puede administrar oxígeno adicional a través del respirador. La respiración artificial puede salvar la vida de un paciente cuando éste es incapaz de lograr por sí mismo una ventilación suficiente.

Se debe supervisar y adaptar cuidadosamente la cantidad de líquido en el organismo para optimizar la función pulmonar y cardíaca. Se debe mantener el equilibro de la acidez de la sangre, ya sea ajustando la frecuencia respiratoria o utilizando medicamentos que neutralicen la acidez. Se administran medicamentos para tranquilizar al paciente, reduciendo por consiguiente la necesidad de oxígeno del organismo y facilitando la insuflación pulmonar.




Cuando el tejido pulmonar está gravemente afectado, como ocurre en el síndrome de distrés respiratorio del adulto, los médicos consideran la posibilidad de administrar corticosteroides para disminuir la inflamación. Sin embargo, no se justifica el uso sistemático de estos fármacos porque pueden causar muchas complicaciones, incluyendo una reducción de la fuerza muscular. Por lo general, dan mejor resultado en las personas que padecen enfermedades que causan inflamación pulmonar o de las vías aéreas, como las vasculitis, el asma y las reacciones alérgicas.