El pénfigo es una enfermedad poco frecuente, en ocasiones mortal, en la que ampollas de diversos tamaños aparecen sobre la piel, la mucosa de la boca, la vagina, la delgada membrana que recubre el pene y otras membranas mucosas.

El pénfigo suele producirse en personas de mediana edad o en ancianos. Muy rara vez afecta a niños. La enfermedad está causada por un ataque autoinmune contra las estructuras de las superficies de las células epidérmicas que mantienen el contacto intercelular y la textura del tejido.




Síntomas del pénfigo

Las lesiones características del pénfigo son unas ampollas de diversos tamaños, claras, generalmente blandas, llenas de líquido, y en algunas formas de pénfigo aparecen placas con descamaciones. Pellizcar o frotar ligeramente la piel puede fácilmente despegar su superficie de las capas inferiores.

Las ampollas suelen aparecer primero en la boca, donde se rompen rápidamente y se forman úlceras dolorosas. Pueden seguir apareciendo más ampollas y ulceraciones hasta que toda la mucosa de la boca resulte afectada. Un patrón similar se observa en la piel: las ampollas se forman inicialmente en piel aparentemente normal, luego se rompen y dejan heridas en carne viva y costrosas. Las ampollas pueden ocupar grandes extensiones de piel y, una vez rotas, pueden infectarse.

Diagnóstico y tratamiento del pénfigo

Un examen sistemático al microscopio y determinadas pruebas inmunológicas de una muestra de piel para detectar depósitos de anticuerpos, permiten al médico hacer un diagnóstico definitivo de la enfermedad.

El objetivo primordial del tratamiento es interrumpir la formación de nuevas ampollas. La inhibición parcial del sistema inmunológico con un corticosteroide como la prednisona tomada por vía oral probablemente consiga ese objetivo, pero a costa de que el organismo se haga más susceptible a las infecciones. Por lo general durante los 7 a 10 primeros días se administra una elevada dosis de corticosteroides; luego se reduce gradualmente. Para mantener controlada la enfermedad, la persona afectada puede necesitar tomar el medicamento durante meses o incluso años.

También pueden prescribirse otros fármacos que inhiben el sistema inmunológico (como por ejemplo metotrexato, ciclofosfamida, azatioprina y sales de oro) para que la dosis del corticosteroide pueda ser reducida. Sin embargo, estos poderosos fármacos tiene sus propios efectos colaterales. Los fármacos inmunodepresores también pueden ser utilizados junto con la plasmaféresis, un proceso por el cual se filtran los anticuerpos presentes en la sangre.

Las superficies en carne viva requieren un cuidado meticuloso, similar al que reciben los pacientes con quemaduras. Es posible que sea necesario administrar antibióticos y otros fármacos para tratar las infecciones de las ampollas rotas. Los vendajes impregnados de gelatina de petróleo u otros tipos de vendajes pueden proteger las zonas que exudan y que se encuentran en carne viva.