El infarto agudo del miocardio es una urgencia médica en la que parte del flujo sanguíneo que llega al corazón se ve reducido o interrumpido de manera brusca y grave como consecuencia de la formación de un trombo o una placa de ateroma en alguna arteria del corazón. Ello provoca la muerte del músculo del corazón por falta de oxígeno y sangre, e incrementa la posibilidad de complicaciones en quien lo padece.




El infarto se identifica por:

  • Dolor intenso en el centro del pecho, de tipo opresivo y angustiante, que puede extenderse hacia la espalda y brazo izquierdo.
  • Sudoración fría.
  • Arritmias cardiacas o taquicardia
  • Presión arterial alterada, ya sea alta o baja.
  • Falta de aire .

Sin embargo, hasta una de cada cinco personas que sufren un infarto tiene síntomas leves o puede que ninguno en absoluto.

“Ser mayor de 35 años (aunque se han visto infartos en personas menores), tener hipertensión, diabetes o colesterol elevado; fumar, presentar sobrepeso u obesidad, tener antecedentes familiares de enfermedad cardiaca, son factores que incrementan la posibilidad de un infarto del corazón”, expresó el doctor Rodolfo Ocampo, adscrito a la Unidad de Cardiología del Hospital General de México.

Como toda urgencia médica, el riesgo de muerte en una persona que sufre un infarto del corazón es alto, por lo cual es vital que dentro de las primeras 6 horas posteriores al inicio del infarto acuda de inmediato al hospital más cercano para que le sea brindada una atención médica profesional.

Ya en el hospital, “el paciente debe ser intervenido a través de una técnica quirúrgica denominada angioplastía coronaria dirigida a destapar la arteria coronaria responsable de provocar el infarto, o bien, mediante un procedimiento denominado trombólisis que consiste en la administración intravenosa de fármacos que disuelven el coágulo responsable de la obstrucción arterial, reduciendo el peligro de muerte y la aparición de complicaciones posteriores como insuficiencia cardiaca”, explicó el cardiólogo.

El infarto se puede prevenir con hábitos de vida saludables como una alimentación equilibrada y ejercicio; un tratamiento farmacológico integral administrado por un médico y la revisión periódica de los niveles de colesterol, presión arterial y glucosa en sangre.