Los exámenes electrofisiológicos se usan para evaluar anomalías graves en el ritmo o en la conducción eléctrica. A través de las venas o, en ocasiones, a través de arterias, se insertan pequeños electrodos directamente dentro de las cavidades cardíacas para registrar el ECG e identificar las vías por donde circulan las descargas eléctricas.

A veces, se provoca de manera intencionada un ritmo cardíaco anómalo durante la prueba para descubrir si un fármaco en particular es eficaz para detener la alteración o si puede ser útil una operación. En caso necesario, el médico puede hacer que el corazón vuelva rápidamente a su ritmo normal mediante una breve descarga eléctrica (cardioversión). A pesar de que este examen es invasivo y que se requiere anestesia, es muy seguro: el riesgo de muerte es de 1 entre 5000 exploraciones.