El síndrome del intestino irritable es un trastorno de la motilidad de todo el tracto gastrointestinal que produce dolor abdominal, estreñimiento o diarrea.

Este síndrome tiene 3 veces más incidencia en mujeres que en varones. En dicho síndrome, el tracto gastrointestinal es especialmente sensible a muchos estímulos. El estrés, la dieta, los fármacos, las hormonas o los irritantes menores pueden hacer que el tracto gastrointestinal se contraiga anormalmente.

Los períodos de estrés y de conflicto emocional que causan depresión o ansiedad exacerban con frecuencia los episodios del síndrome del intestino irritable. Algunas personas con el síndrome son mucho más conscientes de sus síntomas, los consideran más graves y experimentan mayores impedimentos que otras. Otras personas que experimentan estrés y conflictos emocionales similares desarrollan síntomas gastrointestinales menos acusados o reaccionan a ellos con menor preocupación y disfunción.

Durante un episodio, las contracciones del tracto gastrointestinal se hacen más fuertes y frecuentes, y el consiguiente tránsito acelerado de alimentos y heces a través del intestino delgado a menudo produce diarrea. El dolor, como un cólico, parece ser el resultado de las fuertes contracciones intestinales y de la sensibilidad incrementada de los receptores dolorosos en el intestino grueso. Los episodios ocurren por lo general cuando la persona está despierta y son muy raros durante el sueño.




Algunas personas creen que las comidas con alto contenido energético o graso son las causantes de este trastorno. Para otros, el trigo, los productos lácteos, el café, el té o los cítricos parecen agravar los síntomas, pero no está claro que estos alimentos sean de hecho la causa.

Síntomas intestino irritable

Son dos los tipos de síndrome de intestino irritable. El del colon espástico, que habitualmente está desencadenado por la comida, suele producir periódicamente estreñimiento o bien diarrea con dolor. A veces alternan el estreñimiento y la diarrea. A menudo aparece moco en las heces. El dolor puede presentarse en accesos de dolor continuo y sordo o de calambres en la porción baja del abdomen. El afectado puede experimentar distensión, gases, náuseas, dolor de cabeza, cansancio, depresión, ansiedad y dificultad para la concentración. A menudo el dolor se alivia tras una deposición.

El segundo tipo produce principalmente diarrea o estreñimiento relativamente indoloros. La diarrea puede comenzar en forma súbita e imperiosa y ocurre enseguida después de la comida, aunque a veces puede ocurrir inmediatamente al despertarse. A veces la urgencia es tal que el individuo pierde el control y no llega a tiempo al servicio. Es raro que la diarrea aparezca durante la noche. Algunas personas sufren distensión y estreñimiento, relativamente con poco dolor.

Diagnóstico intestino irritable

En general, los afectados por el síndrome del intestino irritable tienen aspecto saludable. Un examen físico generalmente no revela nada anormal, excepto dolor a la palpación en el área del intestino grueso. Por lo general, se realizan algunas pruebas (por ejemplo, análisis de sangre y de heces y una sigmoidoscopia) para diferenciar este síndrome de la enfermedad inflamatoria del intestino y de muchos otros trastornos que pueden causar dolor abdominal y un cambio en el ritmo de las deposiciones. Los resultados de estas pruebas suelen ser normales, aunque las heces pueden ser semilíquidas. La sigmoidoscopia (examen del colon sigmoide mediante un tubo flexible de visualización) en ocasiones causa espasmos y dolor, pero el resultado de la prueba suele ser normal. A veces se practican otras pruebas, como una ecografía abdominal, radiografías del intestino o una colonoscopia.

Tratamiento intestino irritable

El tratamiento del síndrome del intestino irritable difiere de persona a persona. En general, se deberían evitar los alimentos o las situaciones de estrés que hacen aparecer los síntomas. Para la mayoría de las personas, especialmente las que tienden a sufrir estreñimiento, la actividad física regular ayuda a mantener una función normal del tracto gastrointestinal.

Lo más aconsejable es una dieta normal. Las personas con distensión abdominal y retención de gases (flatulencia) deberían evitar las judías (fríjoles), las coles y otros alimentos difíciles de digerir. Debe restringirse el consumo de sorbitol (edulcorante sintético usado en alimentos dietéticos, en algunos fármacos y en gomas de mascar). La fructosa debe consumirse sólo en pequeñas cantidades (la fructosa es un componente común de las frutas, las bayas y algunas plantas). Algunas personas ven mejorar sus molestias con las dietas bajas en grasas. Las que padecen a la vez síndrome de intestino irritable y deficiencia de lactasa no deben consumir productos lácteos.




Algunas personas con el síndrome de intestino irritable pueden mejorar su estado ingiriendo más fibra, especialmente si el problema principal es el estreñimiento. Pueden tomar una cucharada sopera de salvado con abundante agua y otros líquidos con cada comida, o bien suplementos de psilio muciloide con dos vasos de agua. El incremento de la fibra en la dieta puede agravar algunos síntomas, como la flatulencia y la distensión.

No se ha comprobado la eficacia de los fármacos que retrasan la función del tracto gastrointestinal y que se consideran antiespasmódicos, como la propantelina, aunque se prescriban con frecuencia. Los fármacos antidiarreicos, como el difenoxilato y la loperamida, pueden ser útiles en las personas con diarrea. Los fármacos antidepresivos, algunos tranquilizantes, la psicoterapia, la hipnosis y las técnicas de modificación del comportamiento pueden ayudar a algunas personas con síndrome de intestino irritable.