No existe ningún síntoma que identifique inequívocamente una enfermedad del corazón (cardíaca), pero algunos síntomas sugieren esta posibilidad y la asociación de varios permite establecer un diagnóstico casi exacto.

El diagnóstico se inicia con una entrevista (la historia clínica) y una exploración física. A menudo, se realizan análisis para confirmar el diagnóstico, para conocer la gravedad del problema o para facilitar la planificación del tratamiento. Sin embargo, algunas cardiopatías graves son asintomáticas hasta que alcanzan un estado muy avanzado. Una exploración médica general o una visita al médico por otros motivos son útiles para descubrir tal enfermedad cardíaca asintomática.

Los síntomas de una cardiopatía incluyen ciertos tipos de dolor, disnea (sensación de falta de aire o “sed de aire”), fatiga (cansancio), palpitaciones (la sensación de un latido lento, rápido o irregular), sensación de mareo y desmayos. Sin embargo, estos síntomas no indican necesariamente una cardiopatía. Por ejemplo, el dolor torácico puede indicar una enfermedad del corazón, pero también puede ser debido a un trastorno respiratorio o gastrointestinal.




Dolor

Cuando el aporte de sangre a los músculos es insuficiente (una situación denominada isquemia), la falta de oxígeno y el exceso de desechos causan calambres. La angina, una sensación de tensión o de opresión torácica, aparece cuando el músculo cardíaco no recibe suficiente sangre. De todas formas, el tipo y el grado de dolor o de malestar varían enormemente en cada caso. Una persona puede tener una deficiencia en el suministro de sangre que no le produzca ningún dolor (isquemia silente).

Cuando existe una deficiencia de llegada de sangre a otros músculos, en particular los de la pantorrilla, generalmente aparece un agarrotamiento y un dolor al esfuerzo en el músculo durante el movimiento (claudicación).

La pericarditis, una inflamación o lesión de la membrana que rodea el corazón, causa un dolor que aumenta al echarse en la cama y disminuye al sentarse o al inclinarse hacia delante. El esfuerzo no empeora el dolor; en cambio, la inspiración o la espiración de aire aumenta o disminuye el dolor, ya que puede haber también una pleuritis, es decir, una inflamación de la membrana que rodea los pulmones.

Por otro lado, cuando una arteria se desgarra o se rompe, el dolor que ocasiona es intenso, aparece y desaparece con relativa rapidez y puede que no se relacione con los esfuerzos. A veces, se lesionan las arterias principales, sobre todo la aorta. Así mismo, puede que se dilate una porción de la aorta (aneurisma), la cual puede fisurarse bruscamente o bien dejar escapar algo de sangre entre las capas de la aorta (disección de la aorta). Estos eventos producen dolores muy agudos y repentinos, a veces intermitentes, según vaya repitiéndose esta fuga de sangre a veces fuera de la aorta o bien entre las capas de su pared. El dolor que se origina en la aorta se percibe en general detrás del cuello, entre los omóplatos, en la zona inferior de la espalda o en el abdomen.

La válvula entre la aurícula izquierda y el ventrículo izquierdo puede protruir hacia la aurícula con la contracción del ventrículo (prolapso de la válvula mitral). Las personas con este problema a veces tienen breves episodios de dolor parecidos a una puñalada o a un pinchazo. En general, el dolor se localiza debajo del pecho izquierdo y no tiene ninguna relación con la posición o el esfuerzo.

Disnea

El ahogo o disnea es un síntoma frecuente de la insuficiencia cardíaca. Se debe a que se filtra líquido al interior de los sacos de aire de los pulmones, una afección llamada congestión o edema pulmonar. En definitiva, esta situación es similar a un ahogamiento.

En los estadios iniciales de una insuficiencia cardíaca, la disnea sólo aparece durante el esfuerzo. A medida que el trastorno se agrava, el ahogo aparece cada vez con más frecuencia ante un esfuerzo menor y, finalmente, aparece también en reposo. El ahogo aumenta al echarse porque el fluido se esparce por todo el tejido pulmonar y disminuye al sentarse o levantarse, ya que, al ponerse de pie, la fuerza de la gravedad hace que el líquido se acumule en la base de los pulmones. La disnea nocturna es la dificultad de respirar al acostarse por la noche; se alivia al sentarse.




La disnea no se limita a las enfermedades cardíacas, ya que también aparece cuando existen enfermedades pulmonares, de los músculos respiratorios o del sistema nervioso. Puede ser causa de ahogo cualquier trastorno que altere el equilibrio normal entre el aporte y la demanda de oxígeno, como la incapacidad de la sangre de transportar suficiente oxígeno a causa de una anemia o el aumento de la actividad metabólica característica del hipertiroidismo.

Fatiga

Cuando el corazón no funciona adecuadamente, la sangre que llega a los músculos durante un esfuerzo puede ser insuficiente y causar una sensación de debilidad y de cansancio. Los síntomas son por lo general poco llamativos. La persona compensa este trastorno disminuyendo gradualmente su actividad o bien cree que se debe al hecho de envejecer.

Palpitaciones

Normalmente, uno no percibe los latidos del corazón. Pero en ciertas circunstancias (como cuando una persona normal realiza esfuerzos extremos o sufre una experiencia emocional dramática), pueden llegar a percibirse en forma de latidos enérgicos, rápidos o irregulares.

El médico podrá confirmar estos síntomas controlando el pulso y escuchando el latido del corazón mediante la colocación de un fonendoscopio sobre el pecho.

Las respuestas a una serie de preguntas (si las palpitaciones empiezan de forma gradual o repentina, con qué rapidez late el corazón, si el latido es irregular y hasta qué punto lo es, y su posible causa) determinarán si las palpitaciones

se pueden considerar anormales o no.

Las palpitaciones que se acompañan de otros síntomas, como disnea, dolor, debilidad, fatiga o desvanecimientos parecen más bien causadas por un ritmo cardíaco anormal o por una enfermedad subyacente grave.

Mareos y desmayos

Un flujo inadecuado de sangre por una anomalía en la frecuencia cardíaca, en el ritmo o por un débil bombeo puede causar mareos, debilidad y desmayos. Estos síntomas pueden deberse a un problema del cerebro o de la médula espinal o pueden no tener una causa grave.

Por ejemplo, se observan mareos en los soldados cuando están quietos de pie durante mucho tiempo, ya que para que la sangre regrese al corazón, los músculos de las piernas deben estar activos. Así mismo, una fuerte emoción o un dolor, que activan parte del sistema nervioso, también provocan desvanecimientos.

El médico debe distinguir el desmayo causado por un trastorno cardíaco de la epilepsia, en la cual la pérdida de consciencia es provocada por un trastorno cerebral.