La vitamina D

La vitamina D es esencial para desarrollar y preservar los huesos, porque contribuye a la absorción del calcio de los alimentos en el intestino y porque asegura la correcta renovación y mineralización del tejido óseo.

Esta vitamina se produce en la piel ante la exposición solar; en niños y adultos, la exposición a los rayos solares de rostro, manos y brazos entre 10 y 15 minutos por día, suele ser suficiente en la mayoría de los casos.

También se puede obtener vitamina D a partir de los alimentos y suplementos dietéticos, y aunque sus fuentes son limitadas, pueden encontrarse en pescados como el salmón, la sardina, así como también en el huevo e hígado, o en algunos productos fortificados como la margarina, lácteos y cereales.

Cantidades necesarias de vitamina d

Como el sol proporciona cantidades variables de vitamina D a cada persona, las recomendaciones alimenticias de esta vitamina son aproximadas. Muchos países recomiendan una ingesta de 200 UI/ día para niños y adultos jóvenes, y entre 400 y 600 UI/día para las personas mayores, a fin de incrementar el consumo obtenido de los rayos solares.

La vitamina D a través de los alimentos o suplementos, es más importante durante los meses de invierno para las poblaciones de las latitudes del norte (donde no se produce síntesis de vitamina D en la piel), para ancianos que no pasan demasiado tiempo al aire libre y para aquellos que poseen una capacidad reducida para sintetizar este nutriente en la piel.

Deficiencia vitamínica de vitamina d

En los niños, la deficiencia de vitamina D conduce a una inadecuada mineralización de la matriz ósea, que produce retardo del crecimiento y deformaciones óseas denominadas raquitismo. En los adultos el mismo trastorno se denomina osteomalacia (blandura de los huesos a causa de una escasa mineralización).

En los países industrializados, el raquitismo y la osteomalacia son trastornos poco frecuentes, sin embargo, es común que exista insuficiencia leve de vitamina D que puede favorecer a la osteoporosis. Esto se debe a que, sin un suministro adecuado de vitamina D ya sea por la piel o la alimentación, se altera el metabolismo del calcio.

Por ejemplo, los niveles más bajos de vitamina D conducen a una absorción de calcio menos eficaz por parte del intestino y a una mayor pérdida de calcio en los huesos. Con el tiempo, esto ocasiona pérdida ósea y, finalmente, osteoporosis.

La deficiencia de vitamina D en los adultos mayores incrementa la posibilidad de caídas, y con ello la probabilidad de sufrir fracturas, porque la vitamina D también es importante para el correcto funcionamiento de los músculos y del sistema nervioso.

También, es necesario mantener un nivel adecuado de vitamina D durante el embarazo, dado que existe evidencia de que las madres con deficiencia de este nutriente pueden tener hijos con masa ósea reducida, lo cual podría llegar a ser un factor de riesgo para osteoporosis a lo largo de la vida